Y si dejáramos de preguntarnos "y si"


Cuando las personas hablan de la ansiedad, suelen referirse principalmente a síntomas físicos que les causaron profundo miedo o temor. Sensación de ahogo, taquicardia, entumecimiento, sensación de parálisis, mareos, calor repentino... todo un abanico de sensaciones intensas que se presentan, aparentemente, sin razón alguna, y que crean un alto nivel de malestar y desasosiego.


Sin embargo, con todo y lo "escandalosos" que puedan resultarnos los síntomas físicos de la ansiedad, no son los más complicados para el pronóstico. De hecho, es justo a continuación de ese brote de síntomas que aparece lo que yo llamo "la pregunta cáncer": "¿Y si...?"


Tan pequeña, y tan potente, es la base de uno de los síntomas estrella de la ansiedad, aunque no sea tan conocido como los de tipo físico: la preocupación.


Precisamente por ser una pregunta tan escueta y directa, y porque es absolutamente amoldable a cualquier situación que se nos ocurra, esa combinación de dos palabras termina contaminándolo todo, a poco que le dejemos el margen para hacerlo:

  • ¿Y si me vuelve a pasar?

  • ¿Y si esto es algo grave?

  • ¿Y si me sucede cuando estoy solo...?

Y, más allá, de las situaciones relacionadas con pánico, o síntomas, aparecen constantemente en otras circunstancias:

  • ¿Y si enfermara?

  • ¿Y si un día pierdo mi empleo?

  • ¿Y si le pasa algo a mis hijos?

Se suele decir que el miedo es libre, pero el problema es que nos lleva por delante, si le dejamos. Todas esas preguntas, que son legítimas, a la par tienen que tener una respuesta muy contundente: hemos de decirnos: "CADA COSA A SU TIEMPO".


Si lidias con ansiedad, recuérdate que es molesta, pero no peligrosa. Sigue en la medida de lo posible con lo que estabas haciendo, y no mires atrás. Si se trata de cualquier otra cosa, aborda lo que hoy tengas entre manos, y poco más. Minuto a minuto, día a día.


Si miramos atrás, solemos darnos cuenta de que, cuando llega el momento de enfrentar las nuevas situaciones, tenemos más recursos de los que pensábamos cuando empezamos a preocuparnos. Anticiparnos solo nos restará energías, y nos obligará a preocuparnos de cosas que, probablemente, nunca pasarán y, de suceder, nunca lo harán como imaginamos.


Así que... ¿y si dejáramos de preguntarnos "Y SI..."?




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