Todo sirve, nada sobra.



En épocas como esta, en que el reciclaje está tan de moda, pocas veces nos damos cuenta de que, también en la vida, y particularmente en lo psicológico, el arte de reutilizar recursos antiguos es gran parte del éxito ante situaciones de cambio y crisis.


El cambio obliga a repensar, las crisis obligan a sobrevivir, y es en esos momentos es donde podemos mirar a nuestra propia mochila personal para ver "qué tenemos por ahí".


Repensar significará que, quizá, lo que tengamos a mano para usar no podrá ser usado de la manera convencional, pero no por eso hemos de despreciarlo.


Sobrevivir implicará, seguramente, tener que pasar con menos de lo que estamos acostumbrados. Pero algo no es nada. Es algo.


Partiendo de esa doble base, todo lo que haya en la mochila nos sirve, nada es para tirar:

  • las buenas y malas experiencias,

  • tus puntos fuertes,

  • las pequeñas habilidades que crees que no sirven,

  • tus gustos y aficiones,

  • tus defectos, incluso, que en ocasiones pueden haberte traído alguna que otra lección,

  • una pequeña conversación "por casualidad",

  • un encuentro fortuito,

  • lo que viviste en tu infancia,

  • aquello con lo que soñaste siempre y que tienes más que imaginado...


Nada como los imprevistos de cada día para ir practicando con nuestra mochila "llena de trastos viejos". De esa forma, cuando llegue algo más grande, estaremos lo mejor entrenados posible en el arte de reciclar, dándole nuevos usos a las cosas de siempre, pero no solo sobreviviendo, sino liderando el cambio que se nos ponga por delante.


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© 2020 por Lidia Martín