Si eres cristiano, sufres distinto



Si no eres cristiano, probablemente esta afirmación te parecerá una tontería.


Sin embargo creo que, si eres seguidor de Jesús, estarás plenamente de acuerdo conmigo en que, no solo sufrimos diferente, sino que incluso sufrimos más. Nuestro camino es especialmente cuesta arriba, aunque tenemos ayudas impagables, y algunas razones te las apunto a continuación.


Ninguno, por ser cristiano, está exento de vivir los mismos desbordamientos, incertidumbres e indefensión ante los reveses en la vida que cualquier otra persona. Esos tres conceptos, por cierto, coinciden bastante bien con las palabras técnicas "estrés", "ansiedad" y "depresión" que a menudo se manejan en psicología, pero de estos asuntos a menudo se habla poco y mal en la iglesia.


Por lo pronto, y a simple vista, entonces, el añadido que los cristianos manejamos ante muchos momentos de sufrimiento es doble:

  • En primer lugar, muchísimas veces el origen de nuestro dolor es el propio hecho de creer y vivir nuestra fe de manera coherente. El Señor nos llama bienaventurados por ello, y sabemos que esa aflicción no es comparable a lo que de bueno vendrá, como dice Pablo en Romanos 8.18. Sin embargo, como alguien dijo una vez, "Tengo una mansión en el cielo, pero aquí aún me duelen las piernas". En el mundo tenemos aflicción por amor de Su nombre y nuestra lucha es más encarnizada que la de otros que ni siquiera la perciben.

  • Por otro lado, el cristiano que se toma su cristianismo en serio (¿existe, acaso, otra manera de tomárselo si uno verdaderamente lo es?), en medio de su sufrimiento quiere agradar a Dios con todo lo que hace, incluyendo el tipo de ayuda que pide. Y la psicología se ha movido en terreno lo suficientemente resbaladizo como para ser vista sin suspicacias. Esto ha hecho que durante mucho tiempo, y aún hoy, muchos cristianos se priven de pedir la ayuda que necesitan, tanto si es alguien de su misma fe como si no, por si acaso está "faltando a Dios con ello".

  • Otro de los frentes complicados para el cristiano es que crea que el sufrimiento –especialmente el de tipo emocional y mental, que son los peor entendidos– equivale a "pecado en su vida", con lo que ya el hecho de sufrir angustia, bajo estado de ánimo o desbordamiento se mira con malos ojos.

¿No es triste que por una mala comprensión de estas cosas los cristianos seamos, muchas veces, los que menos recursos empleamos en este sentido? ¡Por supuesto que tenemos en, por y con nosotros al Dios que gobierna toda circunstancia y que multiplica nuestras fuerzas para poder hacer frente a todo ello! Pero seguimos olvidando a menudo que parte de Sus recursos de gracia para nosotros son las personas que nos pone cerca para ayudarnos, incluyendo a los profesionales de cada campo ("El Señor está conmigo entre los que me ayudan"- Salmo 118:7).


Entendamos por lo pronto hoy, entonces, que una parte de las dificultades que como cristianos tenemos en nuestros momentos difíciles está en que incluso elegir la ayuda adecuada nos resulta difícil. ¿Será falta de fe? ¿Estaré confiando en mis fuerzas y no en la provisión de Dios? ¿Estoy ya pecando al sentirme como me siento?


Quizá es tiempo de irnos respondiendo estas y otras preguntas en próximas entradas del blog. Te espero... porque tenemos mucho de que hablar.


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