• LIDIA MARTÍN - PSICÓLOGA

Necesitamos palabras de ánimo

En tiempos como estos, convulsos, nos cuesta reconocer en qué estado nos encontramos.

Vamos deprisa, resolviendo sobre la marcha, procurando apagar los fuegos que se van presentando, y eso hace que, demasiadas veces, ni siquiera podamos medirnos el pulso y saber en qué condiciones estamos enfrentando la situación que tenemos enfrente de nosotros.


Este es un momento para no rendirse, seguir navegando con la vista puesta en el horizonte, aunque sea incierto, con mentes resolutivas y flexibles para ir adaptándonos a lo que el mar del día a día nos va trayendo.


Pero necesitamos dosificarnos, parar de vez en cuando, observar cómo están quienes tenemos cerca, y también nosotros. Reconocer nuestro cansancio es vital para no cronificarlo.


Pareciera obvio pero, si estás cansado, descansa. Aparta al menos un cierto tiempo para desconectar. Permítete reconocer que estás convaleciente y que no llegas a todo. Déjate cuidar. Permite que el bálsamo de la ayuda de otros en quienes puedes delegar te alcance y te ayude a reponerte.


Si tu cansancio es mental, a la par que físico, necesitas recordar que no tienes control sobre todas las cosas, y que cada asunto se resolverá a su debido tiempo. Aquí dosificarse significa pelear minuto a minuto solo aquello que realmente puedas abordar.


En medio de todo esto, rodéate de aquellos que tengan palabras de ánimo para tu cuerpo cansado, para tu mente cansada, para tu alma cansada. Les reconocerás fácilmente, si dicen:


"¡Déjame a mí, yo te ayudo! Tú descansa..."

"Te veo triste. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?"

"Sé que pasas por un desierto. ¿Puedo acompañarte mientras oro por ti? El Señor está contigo."


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