Dosificarse es decir "puedo, pero no conviene".



Vivimos a menudo bajo la esclavitud de lo humanamente posible. Dicho de otra forma, parece que "Si puedo hacerlo, debo hacerlo". Sin embargo, con demasiada frecuencia estas son cargas que solo serían legítimas en un número muy pequeño de ocasiones, pero no en todas las que lo aplicamos. Pongamos ejemplos:


Si alguien me dice que debo hacer algo y puedo, ¿entonces debo hacerlo?

¿Y si la imposición me la pongo yo mismo, no nadie más, porque considero que siempre que puedo, entonces debo? ¿Es razonable actuar así? ¿Cuál es el límite saludable para esto?

Si alguien considera que su necesidad es mayor que la mía de descansar, ¿entonces estoy obligada a cubrir a esa persona en algo que es eminentemente secundario o accesorio?


Hace unos años me encontré con una madre a la que le resultaba "imposible" decirle a su hijo veinteañero que no iba a ir a recogerle en coche a las 2 a.m., porque estaba muerta de cansancio tras una semana de trabajo, y siendo, además, que él iba de fiesta. Nada medular. Completamente accesorio, por muy importante que le pareciera a él.


El sitio que escogía para ir, además, estaba a varias ciudades de distancia del domicilio familiar, y el argumento del hijo para presionar a su madre era la incomodidad del autobús y de tener que esperarlo. Esta madre estaba, evidentemente, sujeta a la esclavitud de lo humanamente posible. Poco le pesaba al hijo el cansancio de su madre, o la incomodidad de tener que salir del domicilio a esas horas.


Esta mujer sufría de estrés –por estas y otras varias razones vinculadas a una incapacidad de poner límites– y también de un cuadro de ansiedad ante el conflicto, que le estaba llevando a una depresión. Como vemos, entonces, poder no debería significar deber.


Ahora bien, más allá del abuso interpersonal que acabamos de mostrar con este ejemplo, pienso en lo que significa dosificarse en épocas como esta, de pandemia, o ante cualquier otra crisis que la vida nos pone por delante.


Si queremos tener los niveles de estrés- desbordamiento bajo control, debemos sabernos decir, con frecuencia, "aunque puedo, no debo". A veces se lo diremos a otros ante peticiones poco razonables. En muchas ocasiones, a nosotros mismos para no forzar la máquina más de lo necesario, sobre todo pensando que ese cuerpo que habitamos ha de durarnos en buen estado todo el tiempo posible.


Parte de la clave para poder salir airosos de este desastre quizá esté en dosificarse:

  • En decir "SÏ" a lo importante.

  • En decir "NO" a lo accesorio o abusivo.

  • En plantear un ESPERA cada vez que sea necesario.

  • En decir "PERO..." para condicionar una situación que, si no se contiene, nos puede llevar por delante.

Dosificarse es distinguir entre capricho y necesidad, entre urgente e importante.

Dosificarse es ser asertivo y no permitir que se aprovechen los tiempos de dificultad para manipularnos emocionalmente.

Dosificarse es poner límites a los demás y a nosotros mismos de forma que podamos cuidar a otros mientras nos cuidamos.

Dosificarse es ser generosos, estar dispuestos a darnos, pero recordando que la justicia y la verdad son valores tan sólidos como lo es el amor, eso sí, bien entendido.

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